AUTORES INVITADOSPanamá

El poder de un uniforme

By diciembre 3, 2015 3 Comments
>>La corrupción policial a la orden del día>> Hace unas semanas me vine a Panamá a buscar suerte, mi madre está viviendo aquí desde hace un par de años y yo necesitaba salir de Barcelona, así que me colgué la mochila y me vine. Ya había estado aquí antes, sé cómo funciona el país, me muevo sin miedo. Sin embargo, el domingo pasado las cosas cambiaron. (Artículo de Katia Sanz)

Esa tarde salí a tomar algo con unos amigos en la Ciudad de Panamá, nos reunimos en el Mercado del Marisco y de allí fuimos dando un paseo hasta el Casco Viejo, donde encontramos por sorpresa un concierto de música en directo, así que decidimos quedarnos. Al terminar el show mis dos amigos y yo tomamos un taxi para volver a casa, eran como las 21:30h. Subirse a un taxi en Panamá es toda una experiencia, nunca sabes cómo va a ser tu trayecto y siempre hay que negociar el precio antes de montarse en un carro. Esa noche nos tocó un taxista joven con música hip hop a todo volumen, una vez negociado el precio de la carrera con él entramos en el coche y salimos del Casco en dirección a Vía Argentina. Mis amigos tenían un poco de hambre, así que le pidieron al taxista que en vez de en su casa les dejara en el KFC que hay al lado. Una vez llegamos allí me despedí de ellos, no sin antes pedirme que les escribiera cuando llegara a casa (avisé de que siempre se me olvida pero que lo intentaría).

Cerradas las puertas del coche el taxi arrancó de nuevo dirección a mi casa, la música seguía sonando y yo empecé a chatear con un amigo de Barcelona. En una de esas el coche giró por una de las calles del barrio del Carmen y llegamos a un control policial. Nada extraño, últimamente hay un montón de controles de tráfico por las noches. El taxista paró frente a uno de los dos policías que se encontraban en aquel punto haciendo el control, bajó la ventanilla y le mostró su licencia. Después el guardia vino hacia la parte trasera del coche apuntándome con una linterna y yo le entregué una fotocopia de mi pasaporte y la tarjeta de identificación española, el DNI. El policía me dijo que esa documentación era insuficiente, que en la copia del pasaporte debía de aparecer el sello de entrada en el país también y me ordenó que bajara del vehículo.

Confiada y sin miedo me bajé, estábamos en una calle con muy poco tránsito y bastante oscura. El guardia policial me dijo que tenía que estar retenida en esa esquina hasta que alguien me trajera el pasaporte oficial. Yo me manifesté molesta ante la situación y le dije que no entendía por qué si me habían identificado tenía que verme en tal situación. Ahí empecé a ponerme un poco nerviosa, la atmósfera del ambiente me puso en estado de alerta. Llamé a mi madre rápidamente, ella estaba en el cine, pero por suerte atendió mi llamada y le pude decir que necesitaba que me trajeran el pasaporte al punto donde estaba, para ello tuve que preguntarle al taxista dónde nos encontrábamos, y más o menos pude describir el sitio, al menos la zona. En el momento en que colgué el teléfono el policía que estuvo todo el rato dirigiéndose a mi, el otro vigilaba (algo, no sé el que), le dijo al taxista que se marchara y a mi que me metiera en la camioneta de la patrulla que estaba aparcada en una rampa oscura en frente de donde nos pararon. En ese momento empezó el miedo, la impotencia y la incomprensión.

Poli Malo: “Métase en el carro, usted está poniendo en duda mi trabajo por decir que no entiende nada, eso es una falta de respeto hacia el cuerpo de policía. ¿En España también le habla a los agentes así?”

Yo: “Señor, simplemente le estoy comentando lo que opino, no he hecho nada. Siento si se ha sentido ofendido”.

Poli Malo: “Se mete en la camioneta y se calla la boca. Usted va a pasar la noche en prisión, va a tener que pagar una multa muy grande y vamos a hablar delante de un juez”.

En ese corto plazo de tiempo en que me dijo todo eso pasaron mil historias de terror por mi cabeza. Un guardia me estaba diciendo que iba a ir a la cárcel, ¿qué poder me quedaba a mi ante esa afirmación? Además, ¿qué había hecho yo?

corrupcion policial2

Ahí empezó la terapia de choque, del miedo. En la parte trasera de un furgón un policía me estaba maltratando con sus palabras, preguntándome de dónde vengo, qué hago, quién soy. Me hizo vaciar el bolso que cargaba conmigo, y entonces llegó la pregunta mágica que desencadenó un temblor incontrolable en mis piernas:

Poli Malo: “¿En España quién cachea a las mujeres los hombres o las mujeres?”.

Yo: “En España, en Europa y creo que en Latinoamérica también, lo hacen las mujeres”, las ganas de escupirle en la cara fueron pocas pero en mi cabeza seguían las películas de miedo.

No sé si fue suerte pero no dijo nada sobre mi respuesta. Bien, tranquila. Empecé a pensar en mi madre, que venga volando por favor, que alguien me ayude, pero nadie pasaba por allí. Tenía un 3% de batería y le pedí al policía que por favor me dejara un bolígrafo para apuntar el teléfono de mi madre, si me llevaban a comisaría no tendría un teléfono al que llamar y entonces sí que estaría perdida. La respuesta del agente fue muy esperanzadora: “No te voy a dar nada”.

Mientras el tiempo pasaba el señor seguía con la intimidación, disciplina militar de la buena, mientras el otro guardia estaba por delante de la camioneta y yo le pedía que por favor me dejara irme de allí. Y entonces si que me quedé totalmente confundida cuando el agente que me hablaba en la parte de atrás de una furgoneta oscura me dijo:

Poli Malo: “Yo puedo ayudarte mami”.

Yo: “¿Qué? Dime lo que tengo que hacer”.

Poli Malo: “Yo no te voy a decir nada, tú eres la que me tienes que decir”.

Yo: “Acabo de llegar a este país, no sé cómo funciona”, obviamente pensé en ofrecerle dinero (he visto muchas series y películas), pero también sabía que estaba frente a un policía, no sabía qué derechos tenía ni cómo él iba a jugar la siguiente carta. Podrían acusarme por pensar que la Policía Nacional de Panamá es corrupta. Pero lo hice, “¿Quieres dinero?”

Poli Malo: “¿Cuánto me das?

Yo: “Solo tengo 20$ lo acabas de ver en mi cartera”.

Poli Malo: “¿Hay algún cajero por aquí?”

Yo: “No sé ni donde estoy, dímelo tú”, y aquí empecé a llorar (tenía ganas, pero además esperaba que eso ayudara y me dejaran ir).

Poli Malo: “¿No podría traerte alguien dinero sin que bajara del coche?

Yo: “Dime qué es lo que quieres que haga”, si mi madre llegaba y le pedía que hiciese eso no sé cómo hubiésemos acabado.

Poli Malo: “Voy a consultarlo con mi compañero”, el hombre se fue hacia delante, habló con el otro y volvió. “Chica baja del furgón que estás muy nerviosa, deja los 20$ dentro en el suelo”. Obviamente lo hice volando. “Deja de llorar o no te vas de aquí”.

Yo: “Sí, sí, se lo prometo”.

Poli Malo: “¿Qué vas a hacer cuando te vayas? ¿Le vas a decir esto a alguien?

Yo: “No, no, de verdad”, obvio que sí.

Poli Malo: “Vete”.

Entonces, salí de allí caminando, muy rápido, llorando pero sin mirar atrás. No sabía donde estaba, todo era oscuro, pasé una calle, otra, y giré a la izquierda. Llamé a mi madre y empecé a correr y a decirle que viniese volando. Llegué a una zona con más tráfico y luz, les describí dónde estaba y esperé a que llegaran, esta vez con mis amigos al teléfono, los que dejé antes del suceso y nunca recibieron mi mensaje de llegada a casa, que aguantaron la llamada mientras les explicaba todo lo que había pasado. Cuando mi madre y su pareja llegaron empecé a llorar de nuevo y a contarles todo. No imaginaron ni de lejos todo lo que pasó mientras iban a buscar mi pasaporte a la casa.

Después de explicar lo sucedido me calmé, no era para tanto, tenía que pasar alguna vez y pasó por todo lo alto. Llegó mi día y por supuesto no estaba preparada. Pensaba que serían delincuentes los que intentarían atracarme o hacerme daño, pero no, fueron dos agentes de la policía.

Pues bien, cuando pensaba que ya había acabado todo mi madre y su pareja me dijeron que tenía que denunciar. Sí, sé que es lo que debía de hacer, claro que sí, pero solo deseaba irme a mi cama, taparme con la sábana y olvidar todo. No obstante, decidimos hacerlo. Encontramos una patrulla policial y le explicamos lo que sucedió, yo seguía teniendo miedo de que me metieran presa, después de lo que viví no era capaz de confiar en nadie y así se lo mostré a los policías a quienes les contamos todo. Los agentes con los que hablamos nos enviaron a la estación de policía más cercana, y allí tuvimos que esperar a la Comisaria que estaba de guardia. Cuando ella llegó, mandaron un coche de seguridad para acompañarnos hasta otra estación de policía donde me tomarían la declaración oficial, aunque antes de eso ya había hecho unas 7 declaraciones, cada guardia que llegaba me hacía explicar la historia. Todos ellos me dieron las gracias por lo que estaba haciendo, denunciar, argumentado que la policía corrupta es un mal con el que hay que acabar y que me tranquilizara que “Panamá no es ni Nicaragua, ni México ni Colombia”.

Finalmente llegamos a la otra estación de policía y me tomaron la declaración oficial. Entré con mi madre y su pareja en la recepción de la comisaría y nos dio la bienvenida un señor que estaba tomando café(eran las 2:30h) y viendo El Señor de los Anillos. Nosotros tres tomamos asiento y el señor abrió un Word para tomarme declaración allí mismo, así que empecé la historia de nuevo. El agente me preguntaba todo lo que decía dos veces, para que no hubiese ningún error en la transcripción. Con tantos parones me quedaba abobada mirando la película , pero no podía desconcentrarme si había hecho todo el camino hasta llegar a esa comisaría, así que me levanté para hablar. Una vez le expliqué todo me pidió que revisara el texto y lo imprimió para que lo firmara. La fotocopiadora no funcionaba muy bien, así que firmé un documento a media tinta. Cuando todo acabó salimos de la comisaría y unos policías nos dijeron que nos custodiarían hasta casa. Al salir yo les pregunté qué es lo que iba a pasar ahora, manifestando mi miedo de que esas personas que me detuvieron viniesen a por mí, sabían mi nombre y por donde vivía.

5 horas duró el martirio desde que me bajé de ese taxi hasta que conseguí llegar a mi cama. Una experiencia de vida más.

Panamá es considerado uno de los países más seguros de Centroamérica, pero su ciudad está creciendo a un ritmo frenético y eso conlleva a que las diferentes esferas que conforman el país estén cambiando, entre ellas la seguridad.

Desde lo acontecido he intercambiado mi historia con diferentes panameños, sobretodo con taxistas, quienes me han explicado que este fenómeno está creciendo considerablemente en los últimos meses. Es más, son muchos los taxistas que afirman que cuando ven un retén policial en calles poco transitadas y con solo uno o dos agentes de la policía intentan evitarlo, ya que temen encontrarse con policías corruptos cuyo único objetivo sea sacarle dinero a ellos mismos o a sus clientes.

>> Artículo de Katia Sanz, en nuestra sección de Autores Invitados>>

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Join the discussion 3 Comments

  • Laura dice:

    Llevo casi un año en Panamá, y la corrupción en este país es el pan de cada día.
    Viniendo de españa nos choca muchísimo porque parece que los criminales tan solo se encuentran en las esferas más altas,
    en cambio en PTY la situación llega a pie de calle y nos toca de cerca.
    Mientras leía pensaba en la de veces que me he metido en un taxi sola, en la de veces que me han pedido la identificación en un retén ( y te dicen la mierda del sello), y en la suerte que he tenido de no encontrarme en una situación de estas.
    Me gustaría saber qué tal estás ahora y si sigues cogiendo taxis sola y enfrentandote al día a día de nuevo con naturalidad.
    abrazo fuerte!

  • MLorena dice:

    ¡Hola Laura! gracias por tu comentario en Nomada Digital TV que he hecho llegar a katia, autora del artículo. Responderemos a tus curiosidades en breve ¡saludos!

  • Katia Sanz dice:

    ¡Hola Laura! Primero de todo, quería agradecerte tu interés por lo sucedido, e informarte que estoy perfectamente. Después de haber hablado con muchas personas me he dado cuenta de que esto pasa cada día y es por ello que debemos luchar para combatirlo. No sé cómo quedó mi denuncia, pero si ha servido por lo menos para abrir un expediente eso que ganamos. No podemos tener miedo ni cambiar nuestras rutinas, simplemente saber cómo actuar ante tales circunstancias. He viajado y vivido en diferentes partes del mundo, siendo consciente de que podría pasarme algo en cualquier momento, sin embargo, nunca pensé que mi situación de riesgo se daría con la policía, y eso es lo que me dejó marcada. ¿Qué derechos tenemos y qué cartas podemos jugar en una situación como esa? La policía como autoridad tiene el poder, y a mi lo que me preocupara es que pasara lo que pasara al final era la palabra de ellos contra la mía. No tengas miedo Laura y sigue siendo libre. Y sobre todo disfruta de ese hermoso país. ¡Saludos!

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