¿POR QUÉ VIAJAR?

¿El mejor regalo para una madre? nuestro tiempo, afecto y energía

By mayo 31, 2016 No Comments
Como tantas cosas importantes en la vida, empezó de casualidad. Mi madre y yo iniciamos un viaje juntas al sur de España, a nuestra cálida y querida Andalucía en motivo de una celebración familiar en 2013.

Mi papá y hermana tenían agendas apretadas pero decidimos no perder la oportunidad para viajar y disfrutar de la vida (qué “extraño” en mí ¿verdad?) En ese viaje reímos, comimos, bebimos, compramos, bailamos juntas… fue tan mágico y nos unió de tal manera a madre e hija que decidimos crear una tradición: “el Viaje Anual de Chicas”.

Como escribió mi padre, hay un momento donde papás y mamás se sienten “huérfanos de sus hijos” y es que salimos de sus vidas y dejamos un vacío, cuando los hijos pasamos del asiento trasero para coger el volante de nuestras vidas. Así es y de manera diferente sería lo extraño. Pero como hija de la mujer más maravillosa del mundo, me dije, ella tiene derecho a un homenaje, ahora que soy mayor le dedicaré el mejor regalo que le puedo hacer: mi tiempo, afecto y energía. Y todo ésto a través del viaje, mi tema preferido. Así fue, cada año hemos creado la tradición de un viaje sagrado de madre e hija(s).

El segundo año, en 2014, le animé a que cumpliéramos juntas uno de sus sueños eternos: Tenerife, isla que aliñamos con un sabor de aventura alquilando un coche y recorriendo todos sus rincones durante 10 días. “Agus” (diminutivo de Agustina) conducía y yo era la copiloto. Divisamos la variedad del planeta, de playas de arena tostada a otras de playa negra, nos bañamos en aguas termales, caminamos el volcán del Teide y el desértico parque de las cañadas ¡hasta salimos por la noche a bailar salsa!

Mi madre, mi amiga, mi confidente, en 2015 cumplimos otro sueño que tenía: visitar la feria de Sevilla… ¡y olé!

Ahí volvimos, al Sur templado, tierra de eternos manjares, de gentes afables y de flamenco. Con una amiga más, visitamos Antequera donde comimos de maravilla y baratísimo, las calles moriscas de Granada y la majestuosa Sevilla. Además, en Feria donde toda la gente viste con sus trajes, nosotras también improvisamos el nuestro.

Pero en 2016, le quería mostrar Cuba como es hoy, no sabemos cuanto tiempo más seguirá como la conocemos. Entonces, conociendo el país, cumplí yo uno de mis sueños al poder acompañarla en un viaje que jamás había imaginado: Cuba vista desde un coche clásico, Cuba paseando y conversando con la gente local, la Cuba del impresionante Cabaret Tropicana con miles de destellos de los vestidos reflejados en nuestros ojos de entusiasmo y complicidad (gracias también al Ron Havana 7). Sin más pretensión que ser una hija agradecida y buena, realmente le regalé uno de los mejores presentes del mundo al organizar este viaje en compañía de mi querida hermana Cristina y otra gran amiga (Natalia) donde madre e hijas cruzábamos juntas el océano para regalarnos lo más preciado hoy: tiempo, afecto y energía.

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