“Nuestra verdadera riqueza, tiene poco que ver con la economía” Busqué los extremos, no quise observar un término medio para reflexionar sobre la pobreza. Durante el mismo año decidí visitar dos lugares opuestos del planeta: Cuba y Suiza. En Cuba se vive lentamente, cada minuto se saborea y cada realidad se acepta.

En Cuba cada problema se mira con esperanza en el mañana, con solidaridad y pensando de manera grupal. En Suiza es tan diferente amig@, al poner el primer pie en esta sociedad se siente el ritmo de vida acelerado de una sociedad altamente capitalista, muy exigente donde todo funciona correctamente y todo marcha como es esperado. Los problemas son individuales y las soluciones también privadas, cada uno mira por sí mismo y a veces escatimando hasta en humanidad: a menudo lo que falta es una simple sonrisa llena de empatía y esperanza para arreglar un problema.

Tras las primeras impresiones de esta experiencia “bipolar”, reflexioné sobre la pobreza. ¿Qué imagen nos viene a la cabeza cuando pensamos en pobreza? Seguramente casas destruidas, personas sin nada que comer, niños viviendo entre escombros… el concepto de pobreza económica depende del país y sociedad donde se esté, en Suiza amig@, es considerado “pobre” una persona que gana menos de 2.200€ al mes, también es pobreza no tener dinero para participar en la vida social yendo a los restaurantes (eso es exclusión social). En Cuba, la población (que trabaja para el estado: en teoría la mayoría) gana unos 15€ al mes en un país donde os prometo que un bote de miel cuesta más que en Suiza.

Pero viendo personas felices en un medio de pobreza económica me hizo reflexionar que existe la pobreza también en nuestras sociedades capitalistas e individualistas, se trata de otros tipos de pobreza a la “económica”:

>>La pobreza de la dependencia: porque dependemos de demasiado para ser felices, ya sea del dinero o de la tecnología. Cada día hay más realidades “virtuales” que sustituyen “realidades sociales” y las integramos en nuestras vidas con normalidad, aceptación y entusiasmo. Nos separamos de nuestros cercanos.

>>La pobreza del no agradecer: nos hemos olvidado de lo que es agradecer cada bendición que tenemos por grande o pequeña que sea. Consideramos que todo lo que tenemos lo merecemos y es algo normal. ¿por qué lo tenemos todo y no nos sentimos afortunados, dichosos? Más bien pensamos en lo que todavía nos falta (o aún peor, ¡nos comparamos con el vecino!)

>>La pobreza de no tener tiempo: vivimos para trabajar y no trabajamos para vivir. Vamos rápido a todas partes: no es lo mismo hacer, que “hacer cosas importantes”. Envejecemos sin penar en nuestra misión en la vida, sin referenciarnos en los valores porque estamos ocupados “apagando fuegos todos los días” y evadiéndonos de las presiones diarias con actividades superficiales que nos ayudan a desestresarnos y sentirnos libres en nuestro “escaso tiempo libre”. Esta pobreza crea unas de las enfermedades más extendidas en nuestras sociedades de hoy día: el estrés, la ansiedad (y no me extraña querid@s amig@s).

>> La pobreza del prejuicio y la insolidaridad: juzgamos todo el tiempo a las personas por la apariencia, por su clase social para simplificar y entender la realidad que nos rodea. En sociedades menos capitalistas he visto que las personas no juzgan por la apariencia y practican mucho más la solidaridad repartiendo los modestos recursos que tienen.

Está en nuestras manos vivir la vida que queremos y preguntarnos periódicamente si la vida que tenemos nos hace feliz. Por eso reflexiono a la vez sobre nuestra verdadera riqueza, que poco tiene que ver con la economía:

>> La libertad de poder elegir es nuestra riqueza: ¿qué haces tú para proyectar tu proyecto de vida, qué haces para decidir quién eres sin importar el título, ni empresa? En fin, ¿quien eres tu como persona?

>> La riqueza de las personas que nos quieren: los que nos rodean y nos cuidan y… ¿les agradecemos suficientemente lo que hacen por nosotros?

>> La riqueza de poder ampliar nuestro conocimiento y utilizarlo para vivir mejor y vivir más felices. Nuestra riqueza es poder acceder a esa información para vivir más libres del prejuicio y así poder abrir más nuestros corazones a los demás en contraposición a la “cultura del miedo” que constantemente nos bombardea y nos hace volvernos menos solidarios con las personas que muchas a menudo no tienen la culpa.

>> La riqueza de poder viajar y conocer: un año de viaje equivalen a diez de vida, en un viaje resolvemos problemas todos los días y abrimos nuestra mente, yo creo genuínamente que el viaje nos hace mejores personas.

La riqueza de espíritu va a imperar en los ganadores del hoy y mañana, porque queridos amigos el dinero va y viene, pero nuestra riqueza de espíritu es la que nos ayudará a afrontar las bendiciones de la vida y también las peores desventuras. Para cuando llegue lo mejor y lo peor, que lo importante esté en su lugar determinará nuestros éxitos o fracasos, independientemente de nuestra suma bancaria del ayer, del hoy y del mañana.

Daniel Cerezo me inspiró a escribir este artículo y te animo a conocer su impresionante historia en TEDxRiodelaplata.

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