Un viaje implica un punto de salida y otro de llegada. Algunas personas piensan en la meta, otras disfrutan el proceso. El viajero saborea cada momento, como viene dado con sus regalos y sus inconvenientes, como la vida misma.

Viajar es un estado físico, pero yo me atrevo a decir que es también mental. Podemos cambiar de ubicación, podemos huir de nuestros miedos, pero si no cambiamos nuestro estado mental, las penurias se repetirán. Vivir, crecer, envejecer son viajes, caminos que recorremos lentamente, sin darnos cuenta apenas, pero avanzamos senderos que nos llevan a nuevos lugares.

¿Cómo vivir viajando?

Si viajar es también un estado mental, se puede viajar mientras vivimos nuestra rutina, nuestra cotidianidad. Acudir a una conferencia sobre viajes o conversar con alguien del lado opuesto del mundo que tal vez vive en nuestra calle, son situaciones que pueden ocurrir muy cerca nuestro y a menudo olvidamos que están ahí. En su defecto, necesitamos tomar vacaciones para encontrar algo tras recorrer cientos y miles de kilómetros.

Vivir viajando… ¿ilusión o realidad?

A menudo, fantaseamos con formas de vivir antes de ponerlas a prueba. Al probarlas, serán magníficas o terroríficas, pero muy pocas veces serán como imaginamos. Ese punto de descontrol tal vez nos produzca cierta adrenalina y pánico a la vez que necesitamos. Quiero decir que si sueñas con vivir viajando, lánzate, inténtalo durante dos meses o bien un año (por ejemplo) y SÓLO TÚ podrás sentir si esta vida es ciertamente para tí: si de verdad, eres la especie nómada que renace en una versión (tal vez mejorada) de nuestros ancestros. Yo descubrí ser una nómada, estable a temporadas, pero siempre buscando nuevos horizontes con los que soñar para compartirlos con vosotros en Nomada Digital TV www.nomada-digital.tv

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